La operación fue bautizada “Absolute Resolve” y, según información oficial, implicó más de 150 aeronaves y varios meses de trabajo de inteligencia enfocados en los movimientos y rutinas de Nicolás Maduro. El resultado fue la captura del mandatario venezolano y de su esposa, Cilia Flores, sin bajas estadounidenses reportadas.
El presidente Donald Trump anunció públicamente la operación, describiéndola como una demostración directa del poder militar y operativo de Estados Unidos. Maduro fue trasladado a Nueva York, donde enfrentará acusaciones presentadas en 2020 relacionadas con su presunto liderazgo del llamado Cartel de los Soles y el tráfico de cocaína hacia territorio estadounidense.
Las reacciones no se hicieron esperar. En distintas ciudades de Venezuela se registraron celebraciones espontáneas, mientras que comunidades venezolanas en el exilio salieron a las calles con banderas y mensajes de agradecimiento. Para muchos, el operativo representa el fin de una etapa marcada por años de crisis política, económica y social.
Sin embargo, la operación también generó fuertes críticas. El congresista estadounidense Thomas Massie cuestionó su constitucionalidad, mientras que la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, la condenó como una violación a la Carta de las Naciones Unidas, señalando preocupaciones sobre soberanía y derecho internacional.
If this action were constitutionally sound, the Attorney General wouldn’t be tweeting that they’ve arrested the President of a sovereign country and his wife for possessing guns in violation of a 1934 U.S. firearm law.
— Thomas Massie (@RepThomasMassie) January 3, 2026
El Artículo 2, párrafo 4 de la Carta de las Naciones Unidas dice textualmente:
“Los Miembros de la Organización, en sus relaciones internacionales, se abstendrán de recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de…
— Claudia Sheinbaum Pardo (@Claudiashein) January 3, 2026
Desde Washington, Trump afirmó que Estados Unidos asumirá un rol temporal para garantizar una transición democrática en Venezuela, sin detallar el alcance ni la duración de dicha participación.
Más allá del debate político y legal, el operativo marca un punto de inflexión significativo en la relación entre Estados Unidos y Venezuela. Se trata de una acción directa, sin precedentes recientes, que ha generado apoyo entusiasta, rechazo diplomático y una atención internacional inmediata.
El futuro político de Venezuela sigue siendo incierto, pero el impacto de esta operación ya es innegable. El escenario regional e internacional entra ahora en una nueva fase, con consecuencias que aún están por definirse.


